¿Por qué nunca consigo terminar una dieta?

Esta pregunta o bien te la has planteado a ti mism@ o bien se lo has escuchado a alguien cercano. El caso es que ¿sabemos en realidad cuáles son los motivos que llevan al abandono?

Tanto si nuestro objetivo es seguir a rajatabla una dieta, o empezar a caminar 30 minutos al día o estudiar un curso de inglés en modalidad online, parecen esenciales ciertas virtudes como la constancia, la capacidad de esfuerzo o la famosa “fuerza de voluntad”. Y sin embargo, una de las claves más importantes se encuentra en nuestro inconsciente.

Bien es cierto que la motivación es un factor fundamental, no la voluntad, sino la motivación. Cuando algo realmente nos motiva, nos mueve a la acción, es capaz de sacarnos de la cama o del sofá y que apaguemos Netflix. Pero la motivación no lo es todo, hay quien incluso motivado termina abandonando la consecución de tan buen propósito.

A menudo en consulta, nos encontramos con personas que han probado todas las dietas del mercado: hipocalóricas, proteicas, cetogénicas, vegetarianas o ayuno intermitente. Y sí, en ocasiones habían logrado disminuir (o subir) peso corporal, quizá no tanto como lo deseado, y sin embargo al tiempo volvían una y otra vez a los malos hábitos alimentarios.

En este punto, es muy significativo pararse a reflexionar sobre los motivos de esas recaídas, es decir, ¿cuál era vuestro estado emocional? ¿Estabais demasiado confiados, eufóricos, despreocupados o por el contrario, excesivamente enfadados o disgustados? ¿Por qué? Muchas veces las recaídas se inician tras una discusión con la pareja o a raíz de un periodo potente de estrés laboral.

En estos casos, cuando la persona carece de una buena gestión emocional, se encuentra en la situación de no saber afrontarlo e inicia una “huida” refugiándose en la comida, como un intento vano e inútil de calmar su vacío, su malestar psicológico, su dolor. Y sin embargo lo único que suele conseguir es un empeoramiento de su salud, una subida de peso y una grandísima dosis de culpabilidad que le mete en un círculo vicioso.

Si es tu caso, si te sientes identificad@ al leer esto, has de saber que lo mejor que se podría hacer es que acudieras a consulta para profundizar sobre las vivencias más tempranas de tu infancia y adolescencia, que en el pasado te llevaron a asociar la comida con el impulso de calmar tu ansiedad y tu dolor.

Son los llamados “patrones aprendidos” que hay que romper, pero no es nada fácil hacerlo, puesto que son inconscientes y se activan en situaciones donde vuelve a darse la misma asociación mediante la secuencia: situación – pensamiento – emoción – conducta.

Gracias a la terapia psicológica y de apoyo a nuestros planes nutricionales, entenderás cómo, cuándo y por qué en tu caso personalizado, acudes a la comida como medio para protegerte del dolor y que como no sabes qué hacer con ese dolor emocional cada vez que tienes una crisis, terminas recurriendo a la comida.

Podemos ayudarte a conseguir que disfrutes de la comida, como lo que es, solamente comida, no un paño de lágrimas.